El Fantasma Ventajoso-Traicionero
Muchas veces hemos leído o escuchado sobre la ventaja y la traición, ya sea en novelas, relatos, mitos, cuentos, tipos en la radio o debatiendo en televisión. Incluso los hombres de hierro que conducen -casi siempre erróneamente- nuestro país han padecido la aparición, ya sea inconsciente o no, de éste fantasma.
El Fantasma Ventajoso-Traicionero es uno de aquellos entes que se meten en el alma de las personas y las hace actuar de una manera extremadamente lógica e insensata a la vez, olvidando así su esencia verdadera. Es una energía muy inteligente que sabe muy bien cómo llevar a cabo sus maldades.
Me temo que este es uno de los fantasmas más comunes que ronda por estas calles.
Pero ojo, a no confundirse: este fantasma sólo actúa y lo podemos notar en aquellas personas que verdaderamente lo padecen.Uno puede esperar a ser arribado en la calle por algún malechor de rutina que quiera robarnos el reloj, o también puede esperar que un perro nos muerda el talón cuando pasamos cerca de su reja por el simple hecho de defender lo que es suyo. Estas cosas pueden hasta hacernos sentir extraños o con suerte si no ocurren. Es decir, no es bueno ni es justificable, pero son cosas que pueden llegar a ocurrir y no hay nada fuera de lo común si pasan.
Pero lo triste es cuando verdaderamente sentimos actuar al fantasma, quebrando así nuestra delicada alma. Cuando éste se hace carne propia en alguna persona cercana, alguien a quien queremos, con quien tenemos -aunque sea- un poco de afecto, o esperamos algo. Esa sensación de sentir el puñal ingresar por la espalda, esquivando las costillas e insertándose de lleno en el sensible corazón, es muy triste de superar. Más aún si éste corazón ya estaba previamente fisurado por alguna otra causa.
En el amor, el fantasma aparece muy seguido.
Y me atrevo a confesar que fue él quien me hizo estrellar contra la pared esta vez, y me dejó, con la guitarra y mis canciones, varado en esta ruta silenciosa y de tierra a mitad de camino, ya sin poder volver atrás.
Y, lo peor de todo, sigo creyendo engañosamente que todavía alguna esperanza puede llegar. Una esperanza ventajosa-traicionera.
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